Adentrándonos en la diferencia público/estatal en el trabajo social (II)

Esta entrada es una continuación de ESTA.

En la entrada anterior se intentaba llegar a las siguientes conclusiones.

  1. Hay una diferencia abismal entre lo público y lo estatal aunque se juegue con los términos causando que la mayoría de las veces la diferencia parezca que no exista.

  2. El trabajo social se encuentra en lo estatal.

  3. Lo estatal ejerce un poder, entre ellos el jerárquico del que tenemos que cuidarnos dentro del trabajo social.

  4. Hace falta una discusión seria sobre el tema.

  5. Lo privado, a mi juicio, no es una opción viable cuando hablamos de alternativas.

Sigamos pues…

Si lo estatal es aquello que sigue los dictámenes e intereses del Estado podemos bien preguntarnos si el estado no somos nosotras mismas, la sociedad en su conjunto. Y si así fuera, la argumentación presentada en la anterior entrada caería sobre su propio peso. Decía Max Weber que el Estado era una organización que se caracterizaba por una sola cosa: ser el monopolio de la violencia legítima. Si mal no recuerdo él entendía que esa violencia era la que se ejercía por policía, ejército… pero yo voy más lejos aunque manteniendo esa definición, la violencia va mucho más allá: son los desahucios, las leyes que impiden que nos expresemos, son los cortes de los suministros eléctricos… por lo tanto, si el estado es eso, ¿sigue nuestros intereses? Pero volvemos a la pregunta que se lanzó en la primera parte ¿el problema es el Estado o el tipo de estado? Y dejo la pregunta abierta.

Pero está claro que el trabajo social juega un papel central en el tipo de estado que, al menos creemos hay hoy, el de bienestar. Me pregunto no obstante si ese estado de bienestar no es sino otro de los sujetos vivos de la neolengua de hoy… pero aun así es innegable que lo conformamos, al menos en parte, lxs trabajadorxs sociales y como tal, hemos de reconocer la parte del problema que generamos ya que al menos hoy día, ya sea por el estado que se ha creado o por la existencia del mismo estado, insisto, estamos inmersxs en el.

Para llegar a una solución creo que es necesario insistir en una distinción que hace Fombuena Valero en La influencia de la dimensión de género en el Trabajo Social: Allí distingue entre la organización, es decir, los servicios sociales; y el trabajo social en sí, la profesión. Siguiendo con la analogía que utilicé sobre educación en la entrada anterior parece lógico que nunca culpemos a lxs profesorxs del sistema educativo… lo mismo, insisto, ha de ocurrir con el trabajo social.

Si al final mi conclusión es una mirada indulgente a la situación, ¿a qué ha venido esta diferencia entre estatal y público? Bien, a mi juicio es necesario diferenciar entre lo que tenemos y lo que queremos llegar a ser. Es necesario distinguir entre lo que es y lo que debe ser para no caer en lo que en filosofía se llama la falacia naturalista y que creo, está bastante presente en algunos análisis de la disciplina. Estamos en lo estatal pero tenemos que ir más allá, a lo público; que en un principio podríamos decir se debería caracterizar por una autogestión de la profesión con miras a los intereses generales y no estatales (todo esto se podría desarrollar enormemente). Esto quiere decir que tenemos que tener en cuenta siempre la visión de cambios estructurales reales y no parches. Visión que tenemos que tensar lo máximo posible con lo poco que el estado nos puede llegar a permitir.

Y ahora viene la pregunta que nos podemos hacer respecto a la alternativa a una opción privada del trabajo social que por cierto, existe. Con el sector privado lanzo las siguientes preguntas: ¿No hay cierta peligrosidad en privatizar el asesoramiento ya que se evidencia como un fracaso en las políticas públicas pudiendo incluso utilizarse como un mecanismo para que éstas no mejoren y se desarrollen? ¿No puede esto convertirse en, de nuevo, la implantación de unas clases dentro de unos servicios que deberían ser iguales para todxs? Una de las razones para defender el sector privado que me he encontrado por ahora es que liberan carga de trabajo en el sector público. Pero de nuevo, que eso ocurra, ¿lo convierte en algo correcto? Estamos diferenciando dos tipos de servicios, queramos verlo o no, uno rápido, directo y eficaz para las personas que pagan y otro lento y colapsado para quien no tiene recursos económicos. ¿El trabajo social, por principio, no debería ir contra esta diferenciación?

Aquí el final de mi reflexión que supongo que se irá desarrollando y modificando a lo largo de mi formación.

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3 comentarios sobre “Adentrándonos en la diferencia público/estatal en el trabajo social (II)

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