Exclusión social y relación de ayuda

El otro día tuve el placer de asistir a una pequeña charla de Antonio Galindo Lucas en la facultad de trabajo social de Granada. Nos habló de la distinción entre pobreza y exclusión siendo la primera un estado de carencia que podía solucionarse proporcionándole a una persona lo que le faltaba y la segunda, un elemento que iba más allá y donde se introducía el proceso biográfico de la persona caracterizado por ser multifactorial y donde se rompía el vínculo social. Estos dos elementos no tienen por qué ser excluyentes, pudiendo convivir estas dos situaciones. Para que nos entendamos, una persona puede estar excluida por tener una enfermedad mental y no tener ninguna falta económica. La pobreza, no obstante, no se reduciría a lo económico, esa carencia puede ser relacionada con la vivienda, por ejemplo.

Me gustó porque incidía en que había que recuperar el proceso de acompañamiento sin quitarle importancia a la irrenunciable ayuda económica. Esto no quita que no mantenga, como digo, la idea de salir del esquema necesidad-recurso, sino añadir el recurso a un proceso de acompañamiento. Hacía una crítica bastante fuerte al individualismo como factor contextual en el proceso de exclusión, es decir, ajeno a la persona.

Como conclusión buscaba una recuperación de trabajo grupal para recuperar esos vínculos que se van perdiendo precisamente por cómo está construida la sociedad con ese individualismo feroz, además de incidir en la autoayuda, pero no entendida como efecto de ese individualismo (efecto que se ve en la psicología de la autoayuda y en libros como los de Jorge Bucay entre otros) sino en la salida del papel del profesional para convertirnos en medios para llegar a determinadas metas. El papel protagonista lo tiene la persona y es ella la que nos marca, en el fondo, el camino. El ejemplo que puso para que entendiéramos el concepto era la PAH, donde en el fondo cada unx lleva su caso, la PAH es sólo el medio para saber qué hay que hacer, el acompañamiento y la ayuda reivindicativa. La iniciativa, no obstante, el ir allí, depende de cada cual.

No quiero decir nada más para no caer en algo que Galindo realmente no diga, si es que no lo he hecho ya. El caso es que si tenéis la oportunidad de escucharlo que lo hagáis, merece la pena.

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