Asexualidad y géneros no binarios II

Dividiré este tema en tres partes para que no se haga demasiado largo.

Parte 1 / Parte 2/ Parte 3

Mitos. Toda invisibilidad conlleva que se cree una idea falsa de lo qué es algo. No es que lo que no se nombra no exista, que también, sino que lo que no se nombra es inventado. Cuando hablamos de lo trans necesariamente pensamos en un proceso con un inicio y un fin determinados, la patologización está en la mente de muchas personas, la medicalización etc. Cuando hablamos de asexualidad también hay mitos de por medio. La patologización, que se comparte, se convierte en: son personas que no tienen una relación sana con su cuerpo (idea de la que hay que huir ya que entiende que sólo hay una corporalidad correcta), traumatizadas, personas que no conectan lo suficiente con otras o incapaces de mantener una relación etc. Y de nuevo tenemos un punto en común y es acabar con todo el revoltijo de ideas preconcebidas que nos han vendido como verdades irrefutables. La asexualidad no es ser asexuade, es no sentir atracción sexual, y ni siquiera eso ya que la asexualidad configura un espectro muy amplio. Las personas trans son simplemente personas que no se identifican con el género con el que fueron asignadas al nacer, da igual si es total o parcialmente.

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Creo que es necesario aclarar qué entiendo por mito, y parto de la concepción de Simone de Beauvoir en el segundo sexo, que dice que los mitos lo configuran aquello no se define por sí mismo, sino que es definido desde fuera, que es configurado como lo diferente y donde no se dejaría a los sujetos constituirse como tales. Hacen además, que se intensifique la dicotomía y la polaridad de los análisis. Es decir, para resumir, fundamentan todas las ideas que estoy tratando.

¿Y cómo se soluciona esto? Porque además tenemos el problema de que los mitos no vienen solos, son lo visible de un complejo entramado de prácticas y discursos que generan realidades. Simone de Beauvoir, aunque hizo un análisis maravilloso, se centró en general en obras específicas de literatura y filosofía sobre todo, pero somos conscientes de que no sólo funcionan como generadores de realidad los discursos oficiales, sino que cualquiera los refuerza. O  sea, tenemos que partir de una idea: cambiar esto no es fácil. Cómo va a serlo si en pleno siglo XXI no se ha conseguido acabar con el tabú de la menstruación, por poner un solo caso de los miles que tendríamos a mano.

¿Cómo no va a ser complicado romper con estas ideas, si hasta quienes nos identificamos con estas identidades –valga la redundancia– a veces tenemos que aceptarnos poco a poco?

La respuesta pasa entonces por escuchar experiencias, dar voz, decir oye, que existimos y que antes de que defináis algo quizá deberíais escuchar a quienes nos identificamos como tal. Vamos, se me ocurre. Pero igual que con la menstruación pasa por decir eh, que la regla no es azul ─tal y como la ponen en los anuncios─ y mira, aquí la tienes, pá que te la comas.

Junto a los mitos, además, se encuentra la dificultad de que utilizamos conceptos que usamos diariamente y que realmente no sabemos qué significan.

Y aquí tenemos que añadir una diferenciación aclaratoria:

                        No toda construcción es un mito (Ej: capitalismo)

                        Todo mito es una construcción.

Una vez que está esto claro podemos decir que no sé si estos conceptos  están mitificados, lo que sí sé es que están completamente construidos. Tanto es así que todo el mundo parte de la siguiente premisa: sabemos lo que son por pura intuición. Hablamos de conceptos como género, atracción sexual, sexo (tanto en práctica como en identidad….) Y al ser unas jornadas sobre asexualidad supongo que ya se habrá visto lo complicado que es definir atracción sexual. Pero si creemos que es algo intuitivo lo que tenemos que hacer es desnaturalizar esa idea y hacer que la gente reconozca que no lo sabe y una vez que lleguemos a ese punto habremos dado veinte mil pasos hacia dónde queremos ir: la desobjetivación de los mismos.

Una vez que la gente lo reconozca se podrá llegar a la conclusión de que la ausencia de atracción sexual no implica automáticamente no sexo. Y se podrá enseñar que el género e incluso el sexo no es algo que te da la biología.

A pesar de la evidente dificultad de conseguirlo quiero resaltar que soy de les que piensa que cualquier persona puede entenderlo, no es necesario hacer un máster en teoría del género o leer 50 libros distintos para llegar a la conclusión de que hay otras realidades. Simplemente hay que humanizar las experiencias y aprender a explicar con naturalidad quienes somos. Y eso es lo que no hemos conseguido por culpa de esta mitificación que parte de la idea de que todo esto es un mundo aparte complejísimo reservado a una élite, especialmente la academicista. ¿Sabéis lo que me parece a mi complejo? La teoría de la gravedad. Que tú lances algo y caiga. Sería incapaz de explicarlo. No obstante nunca lo negaría ni diría que cuando me la explicaron en el colegio no la entendí o que si alguien dice la palabra «gravedad» yo levante mi dedo acusador y diga ooh, corred, une científique». ¿Ridículo verdad? Pues algo así pasa con estos temas. La diferencia, la gravedad la vemos todos los días y la diversidad de géneros y orientaciones la hemos tapado.

Los mitos lo que hacen, para terminar con esto entonces es favorecer el proceso de invisibilización anterior y tener un efecto directo en el punto siguiente.

Las relaciones. Tanto afirmar que eres asexual como que eres trans tiene efectos en las terceras persona. No obstante, sería mentir si dijera que ese efecto es el mismo. A diferencia de la asexualidad, lo trans está monstrualizado y como monstruo en este sistema asqueroso, espanta. Entiéndase que hablo desde la óptica de un sistema enfermo. La asexualidad no ha sido configurada así y por lo tanto, el rechazo o el efecto no es tan abrumador o al menos yo no lo he encontrado. Eso a un nivel general en cuanto a las relaciones. Si especificamos relaciones de pareja o sentimentales ─¡abajo la monogamia obligatoria!─ la balanza, creo, se va hacia el otro lado, la asexualidad se convierte en más problemática. ¿Por qué? Porque si tratamos con una persona medianamente deconstruida ─y digo medianamente─ ser trans no le supondrá ningún problema, es decir, habrá en general zonas de seguridad. ¿Cuántas personas alosexuales, es decir, no-asexuales, tendrían una relación con una persona asexual? Pregunta retórica actualmente pero que creo que tiene la potencialidad de tener una respuesta demasiado alosexista.

No es lo único que diré sobre relaciones, ya que a partir de aquí los límites entre los distintos elementos se convierten en más difusos.

Seguiremos en la parte 3.

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2 comentarios sobre “Asexualidad y géneros no binarios II

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