Cultura de la intoxicación

No sé si antes de tratar un tema como este debería posicionarme. Voy a hacerlo por si acaso. Soy una persona abstemia, no fumo, no bebo, no consumo ningún tipo de droga. Supongo que esto me hace defender más esta postura por defecto. No obstante, intento de mil formas y maneras no caer en paternalismos o juicios de valor respecto a las personas que sí consumen. Eso lo dejé en la adolescencia cuando no entendía nada de lo que pasaba y para mi no tenía el más mínimo sentido y la cultura del consumo me sorprendió de repente. No obstante, si caigo en algo así nada más que lo digáis, creo que hay que escuchar más a las personas que consumen, que saben mucho mejor como concienciar, en muchas ocasiones, sobre un consumo adecuado y razonable (si es que existe). Y tenemos que escuchar a las personas con dependencias para no intervenir de las formas menos adecuadas, que también se da.  Soy consciente además de que el discurso abstencionista ha sido tóxico en muchas ocasiones, clasista, prejuicioso y demás… Aviso que en mi caso no van por ahí los tiros porque lo que voy a hacer es un pequeño análisis de la cultura de la intoxicación, no del consumo mismo.

Otra cosa, mi conocimiento sobre el mundo de las drogas es cero. Esta entrada no va a ir sobre los efectos de drogas/sustancias concretas. Que no se espere nada de eso. Ni siquiera pretende ser una postura cerrada ante nada, que la intención sí me parece importante clarificarla.

Una vez que estoy posicionade, dejo claro que lo que voy a exponer es básicamente un recopilatorio de lecturas y posturas relacionadas con lo que se ha llamado cultura de la intoxicación. Mi contribución es prácticamente nula o inexistente. Pero sí me parece interesante e importarte ponerlo encima de la mesa porque son posturas que, al menos yo, no me he encontrado demasiado a menudo y que en general, solo he encontrado desarrolladas en inglés. Será un batiburrillo de ideas que no se suelen tocar y que desde luego se pueden desarrollar mucho más.

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Portada del fanzine de Nick Riotfag

Primero, dejo uno de los materiales base. Recomiendo su lectura porque trata temas muy interesantes. Está en inglés pero va a haber traducción en breve parece ser: Towards a less fucked up world. Sobriety and anarchist struggle de Nick Riotfag.

Este texto es interesante porque se sale de esa discusión tradicional a la que he hecho mención antes para hablar de lo que el llama una cultura de la intoxicación, que sería el conjunto de instituciones, comportamientos y mentalidades centrados en el consumo de drogas y alcohol. Y esta cultura de la intoxicación la relaciona con otras opresiones existentes. Para intentar ahondar más en esto voy a dar otra definición, esta la presenta Clementine Morrigan en una conferencia denominada Sobriety As Accessibility: Interrogating Intoxication Culture, at the Reclaiming Our Bodies and Our Minds. La define así:

“La cultura de la intoxicación es la cultura que define a una persona normal como aquella persona que bebe y que bebe normalmente. Beber normalmente, a menudo referido como «beber social», es un amplio abanico de comportamientos que incluye beber alcohol en las comidas, emborracharse los fines de semana como actividad social, incluir el alcohol como parte de las fiestas, servir alcohol durante eventos sociales y profesionales, y generalmente dar por hecho que beber alcohol es una parte normal de la vida de una persona adulta. Como todas las categorías que se señalan como «normales», la cantidad de alcohol normal es definido en contraposición a lo «anormal». La cultura de la intoxicación necesita de adictes y alcohóliques para representar el rol de anormal con el fin de definirse a sí misma como la norma. Les adictes y alcohóliques son la sombra de la cultura de la intoxicación. Definimos sus fronteras y límites. Nuestro consumo disfuncional reproduce el consumo de la cultura de la intoxicación como funcional”.

(AVISO DE CONTENIDO EN LOS DOS SIGUIENTES PÁRRAFOS: CULTURA DE LA VIOLACIÓN).

Esta autora señala que el consumo intersecciona con otras realidades tales como la clase, el género, la edad, la orientación sexual, raza…. Y se centra en el género concretamente y en cómo la mujer consumidora es construida de formas diferentes y cómo produce y legitima la violencia sexual y la violencia contra la mujeres en general. Es decir, la construcción alrededor del consumo no es arbitraria: la mujer siempre será quien sea victimizada; el alcohol le hace incapaz de decir no, le hace débil; en el hombre, sorprendentemente será la causa de su desinhibición, convirtiéndole en agresivo y agresor y de nuevo, sorprendentemente ─véase la ironía─ en una excusa a su comportamiento. (Para más información AQUÍ). Es decir, las mujeres no abusan mediando el alcohol. Los hombres sí.

Volviendo a Riotfag, lo que hace es relacionar el consumo con la cultura de la violación. En sociedades donde el hombre está llamado a dar el primer paso en las relaciones heterosexuales, el consumo se utiliza para vencer tanto la resistencia de la propia consciencia como la resistencia de la persona que le interesa en un momento dado. Para seguir con esto no deja también de mencionar los anuncios y la publicidad. ¡AVISO! El autor no está diciendo con esto que el alcohol o el consumo de sustancias sean las culpables de las agresiones, es culpable SIEMPRE quien agrede, pero sí que dice que sería absurdo negar que muchísimas agresiones se producen con el consumo como un factor, como una mediación por cómo está construido el consumo y el alcohol. La causa está siempre en la responsabilidad de quien agrede. Por presentar un dato en 2015 se publicaba un artículo en el periódico.com que señalaba que las drogas de sumisión están detrás del 30% de las agresiones sexuales. Evidentemente esto no ocurre por el consumo en sí mismo, sino como hemos dicho en cómo está construido el consumo, que se configura como justificante del agresor y culpabilizador de la víctima. (Otro artículo)

Ahora bien, siguiendo la argumentación de este autor lo que dices es que todes, seamos del género que seamos ─aunque ya hemos especificado como interviene el género más específicamente en este asunto─ absorbemos la cultura patriarcal y que evidentemente el consumo nos hace estar menos atentes a la reproducción de esas prácticas. (Repetiré hasta la saciedad, no como justificación de los comportamientos, sino el caer en cómo hemos construido social y culturalmente el consumo) ¡Y también con personas supuestamente deconstruidas! Porque una de las cosas que menciona, y le alabo por eso, son las agresiones en espacios supuestamente seguros, en espacios anarquistas y en comunidades que se definen supuestamente como radicales. Es decir, el consumo hace que perdamos un filtro de contención más de nuestros comportamientos aprendidos.

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Michael Cetewayo Tabor. Fuente de la imagen: http://www.itsabouttimebpp.com/Memorials/htm/Michael_Tabor_NY_Panther.htm

También menciona cómo el consumo es en ocasiones una puerta de escape de la realidad. Pero no creo que argumente excesivamente bien este punto. No obstante esto me hace ir a otro fanzine, droga es racismo: recopilación de textos de personas no-blancas contra las drogas, que intersecciona esta vez el consumo con el racismo. Esto escribe Michael Cetewayo Tabor, preso político de la cárcel de Nueva York y militante de los Panteras Negras:

 

“En lo que respecta a la gente negra, nuestros problemas se agraven y adquieren dimensiones espantosas como resultado de la deshumanización racista a la que estamos sometides. Para entender la plaga en lo que respecta a les negres, debemos analizar los efectos de la explotación económica capitalista y la deshumanización racista. El atroz y sádico programa de aniquilar la humanidad de les negres que fue iniciado hace unos 400 años por esclavistas ávides de dinero y que ha continuado sin disminución hasta el día de hoy es deliberado y sistemático. Está hecho con el propósito de justificar y facilitar nuestra explotación. Desde que la realidad de nuestra existencia objetiva parecía confirmar las doctrinas racistas de la superioridad blanca y su antítesis, la inferioridad negra, y desde que nos faltó una comprensión de nuestra condición, internalizamos la propaganda racista de nuestres opresores. Empezamos a creer que éramos inherentemente inferiores a les blanques. Estos sentimientos de inferioridad dieron a luz a una sensación de auto-odio que encuentra su expresión en patrones de comportamiento autodestructivos. La miseria de nuestra situación, nuestra sensación de impotencia y desesperación, creó dentro de nuestras mentes una predisposición hacia el uso de cualquier sustancia que produzca ilusiones eufóricas. Estamos inclinades a usar cualquier cosa que nos permita sufrir plácidamente. Hemos desarrollado un complejo escapista. Este complejo escapista es autodestructivo”.

 

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Mab Sagreb. Fuente de la imagen: https://blogs.library.duke.edu/rubenstein/2015/12/10/born-to-belonging-the-mab-segrest-papers/

Mab Segrest establece que una de las estrategias fundamentales para mantener el privilegio blanco es lo que denomina anestesia, que define al principio como el entumecimiento artificialmente inducido a las sensaciones y sentimientos. Dice que mantener los privilegios, es decir, oprimir a un grupo de personas, sólo es posible si consideramos a quien oprimimos como algo inferior a ser humano. Y uno de los componentes básicos para mantener esa postura anestésica sería el consumo.

Pero una de las cosas que me llaman poderosamente la atención es la idea de que la sobriedad ayudará a la liberación juvenil. Y no como podemos pensar a priori. Mantiene que alrededor del consumo hay posturas edadistas que crean una mística del consumo. que hemos construido además como un rito de paso. Y que precisamente, relacionado con el Straight Edge, movimiento que hacía dibujar una equis a les menores o a quienes se solidaricaban con elles en la mano para no venderles alcohol, lo que se da es un momento de solidaridad con les jóvenes, quienes no pueden acceder a determinados espectáculos o fiestas porque no tienen edad para beber. Esto lleva a que les jóvenes jueguen a un consumo medio a escondidas que a menudo tiene un grado de autodestrucción. Luego sorprende que al cumplir 18 lo primero que se haga es ir a una fiesta sin problemas donde se va a consumir alcohol o incluso ser invitade por tus neidres. Ya llegó la hora.

Siguiendo esta argumentación lo que dice es que luego sorprenden las cifras de jóvenes con problemas de consumo o físicos relacionados con el consumo y estes adultes, que alimentan esa mística alrededor del consumo hablan de la «presión de iguales». Yo, por mi experiencia no puedo negar que exista, pero el autor, llevando toda la razón del mundo, lo cual también he vivido, dice  que esa presión es generalizada, ESTAMOS ANTE UNA CULTURA DE LA INTOXICACIÓN. Lo que no podemos hacer es que les adultes nos lavemos las manos de esa manera.

Sigue explicando que las actividades y los programas en los centros educativos son absurdos y ante esto voy a ir a otro texto de Jesús Valverde Molina. Vivir con la droga. Experiencia de intervención sobre pobreza, droga y sida. Se pregunta lo siguiente: ¿cómo son las campañas contra el consumo?  Pregunta: ¿Puede decidir todo el mundo? ¿Se tiene el mismo poder de decisión ante estas problemáticas desde la marginación? NO. ¿Para quién están dirigidas estas actividades? Para quien puede elegir y desde luego no es todo el mundo.

En este libro en vez de cultura de la intoxicación se utiliza el concepto «institucionalización de la droga», pero al final diría que la intitucionalización sería un punto dentro de la cultura de la intoxicación, aunque es un tema complejo.

Pero aquí habla de un nivel económico: la droga mueve dinero. Y no sólo en el narcotráfico, sino también a nivel administrativo. Haciendo un balance, no obstante, el dinero de la administración es completamente inferior al del narcotráfico pero no deja de decir que el problema de la drogadicción genera salarios, instalaciones, equipamientos etc que pueden dos cosas:

–          Utilizarse de verdad y de forma eficaz contra la droga.

O

–          Aumentar el aparato burocrático del Estado.

Seguro que no os imagináis lo que ocurre ante estas dos opciones…

Conclusión personal: el consumo podrá entrar o no a debate. Lo que está clarísimo es que el respeto a le otre y sus límites no. Lo vuelvo a repetir y lo diré hasta que me canse que será nunca.

 

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